Evidencia desnuda

Evidencia desnuda

La desnudez evidencia quiénes somos y cómo estamos. Es desnudez física, emocional, mental y espiritual. Nuestros cuerpos son una maravilla, ¡si tan sólo los apreciáramos un poco más! Absortos en las demandas del mundo, ya no miramos lo evidente ni tocamos lo más inmediato: nuestra piel. Casi todo lo resolvemos haciendo click en nuestros aparatos de comunicación electrónica.

 

La verdad es incómoda porque cuando las máscaras que sostenemos día a día caen –igual que nuestra ropa-- ante el espejo de la consciencia quedamos al descubierto y solos. Podemos negar la verdad con justificaciones y con explicaciones sofisticadas o podemos, sencillamente, aceptarla. Digo “sencillamente” y no “simplemente” porque sólo la sencillez es capaz de explorar sus propias profundidades y de asomarse a su potencial, mientras que la simpleza prefiere lo cómodo, lo conveniente y lo superficial.

 

Estos temas, que son muy naturales, también resultan provocadores. ¿Tan lejos estamos de nuestra propia naturaleza que por eso sacuden a la consciencia con fuerza? Sí. Nuestra intención –la tuya y la mía-- es abrir un espacio de lucidez en el que los tabús y las creencias tomen su propio lugar para que nos dejen libres pudiendo, así, sentir y pensar por nosotros mismos sin sus filtros. No se trata de incomodar ni de molestar –aunque tampoco puedo garantizar que esto no ocurra. Eso depende de las creencias de cada quien y si vamos a tocar la desnudez del alma tendremos que saber en lugar de creer. “Quien prueba, sabe”, dicen en las caravanas sufís.

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